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Dra. Lisette Rondón Medrano

“Doctora, me cuido. Como bien, hago ejercicio, pero algo ha cambiado.”

Esta es una frase que escucho con frecuencia en consulta.

A veces las pacientes llegan porque el colesterol ha empezado a subir, han ganado peso, duermen peor o notan que han perdido fuerza. Otras llegan porque la piel ha cambiado: más sequedad, menos firmeza, más flacidez.

Y entonces aparece la pregunta: “¿Será simplemente la edad?”

Puede ser parte de la respuesta, pero no el final de la conversación.

La pregunta que me interesa hacer es otra: ¿qué ha cambiado y por qué?

Porque cumplir años no es un diagnóstico.

¿Qué cambia en la salud de la mujer a partir de los 40?

Muchas mujeres llegan a los 40 o 50 haciendo prácticamente lo mismo que hacían diez años atrás: se cuidan, entrenan, comen bien y llevan una vida activa.

Y, sin embargo, algo empieza a sentirse diferente. Mantener la composición corporal requiere más esfuerzo, recuperarse de una mala noche cuesta más y el estrés se nota de otra manera.

En una revisión pueden aparecer, por primera vez, colesterol elevado, hipertensión, resistencia a la insulina o hígado graso.

Esto no significa que el cuerpo se haya “estropeado”, sino que la biología cambia, y la medicina también debería cambiar la manera de acompañarnos en esta etapa.

¿Qué es la medicina de longevidad?

Hoy hablamos mucho de longevidad. Es positivo, pero también tiene un riesgo: convertirla en una colección de recomendaciones.

Un suplemento para cada cosa, un biomarcador de edad biológica, un wearable o una terapia “antiaging” de moda.

Algunas herramientas pueden ser útiles; otras tienen evidencia limitada.

La medicina de longevidad consiste en entender qué necesita cada persona y actuar con tiempo, antes de que pequeños cambios terminen convirtiéndose en problemas.

Y precisamente por eso, a partir de los 40, merece la pena mirar la salud de la mujer de una manera más amplia y conectada.

Perimenopausia y menopausia: una transición que puede empezar antes de lo que pensamos

La perimenopausia no comienza el día que desaparece la menstruación. Es una transición que puede durar años y durante la cual pueden aparecer cambios en el ciclo, el sueño, el estado de ánimo, la función sexual, la composición corporal y la energía.

Pero tampoco creo que debamos explicar todo lo que le ocurre a una mujer después de los 40 diciendo simplemente: “son las hormonas”.

Los cambios hormonales pueden coincidir con modificaciones en el metabolismo, la masa muscular, el sueño, el estrés, la alimentación y el riesgo cardiovascular. Muchas veces hay varias cosas ocurriendo a la vez.

La biología no funciona por compartimentos.

Piel, colágeno y envejecimiento en la mujer

Cuando hablamos de longevidad, solemos pensar en el corazón, el metabolismo, los músculos o el cerebro. Pero envejecer también significa que nuestros tejidos van cambiando, y la piel es uno de los lugares donde esos cambios se hacen visibles.

Ahí cobra protagonismo el colágeno.

Durante muchos años lo hemos asociado casi exclusivamente con las arrugas. Sin embargo, el colágeno es una proteína estructural fundamental que forma parte de la piel, los huesos y muchos otros tejidos del organismo.

Y es precisamente durante la menopausia, con el descenso de los estrógenos, cuando se producen cambios importantes en el colágeno que contribuyen a que la piel pierda firmeza, elasticidad y grosor.

Por eso, cuando una mujer nota que su piel ha cambiado, más allá de pensar en qué tratamiento podemos hacerle, también merece la pena entender qué puede estar ocurriendo en sus tejidos.

Podemos cuidar lo que vemos en el espejo y, al mismo tiempo, entender mejor qué factores están influyendo en cómo envejecemos.

Composición corporal y masa muscular: la báscula no debe ser la protagonista

A partir de esta etapa, uno de los errores más comunes es confundir peso con salud.

Una mujer puede pesar lo mismo y, sin embargo, haber perdido músculo y ganado grasa. Por eso, más que cuánto pesa, importa conocer cómo ha variado su composición corporal, su fuerza y su capacidad funcional.

El objetivo no es simplemente pesar menos, sino conservar músculo, fuerza y autonomía, protegiendo también los huesos, la salud cardiovascular y metabólica, el sueño y el cerebro.

Salud cerebral y prevención a partir de los 40

La salud cerebral genera especial preocupación cuando existe una historia familiar de Alzheimer u otra enfermedad neurodegenerativa.

No podemos prometer que un estilo de vida evitará una enfermedad de este tipo. Pero tampoco debemos pensar que nuestro destino está escrito únicamente en nuestros genes.

La actividad física, la presión arterial, la glucosa, el colesterol, el tabaco y la alimentación también forman parte de la conversación sobre salud cerebral y riesgo de demencia.

La salud cerebral también se empieza a cuidar mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas.

¿Qué se estudia en una consulta de medicina de longevidad?

No existe una analítica única que nos diga si una mujer está “envejeciendo bien”, ni un panel universal de pruebas.

La valoración empieza por escuchar: antecedentes personales y familiares, historia menstrual y reproductiva, sueño, alimentación, ejercicio, composición corporal, medicación, presión arterial y síntomas.

Después decidimos qué necesitamos estudiar.

Según cada caso, podemos solicitar analíticas específicas y biomarcadores dirigidos a conocer el estado metabólico, hormonal, inflamatorio y nutricional, junto con las pruebas necesarias para valorar la salud ósea, cardiovascular y la composición corporal.

No se trata de pedirlo todo. Se trata de saber qué estamos buscando y, sobre todo, qué vamos a hacer con esa información.

Un plan personalizado de salud y longevidad

La consulta no termina cuando tenemos los resultados. Ahí empieza realmente el trabajo.

Con esa información, diseñamos un plan personalizado de salud y longevidad, adaptado al estado, las necesidades y los objetivos de cada mujer.

Puede incluir cambios en alimentación, ejercicio, sueño y otros hábitos, además de otras intervenciones cuando estén indicadas.

Y algo importante: no es necesario esperar a la menopausia ni a que aparezcan síntomas para empezar a prestar atención a estos aspectos. La prevención tiene más sentido cuando todavía existe margen para actuar.

Tampoco significa que todas las mujeres necesiten hormonas, suplementos o colágeno. Cada intervención debe responder a una necesidad concreta y tener una razón clínica.

La paciente debe salir con algo más que resultados: una hoja de ruta clara, sabiendo qué hacer, por qué y cómo valorar su evolución.

Y ese plan puede ir ajustándose con el tiempo, porque nuestra biología tampoco permanece estática.

Envejecer no es el problema

No creo que debamos elegir entre cuidar nuestra salud o nuestra imagen.

Una mujer puede querer cuidar su piel y realizarse tratamientos estéticos y, al mismo tiempo, preservar su músculo, sus huesos, su metabolismo, su corazón, su cerebro y su energía.

Los 40 y los 50 pueden ser una etapa especialmente interesante para mirar nuestro cuerpo de otra manera: entender qué cambia, qué merece la pena vigilar y qué podemos hacer hoy para influir en cómo llegaremos a las próximas décadas.

La verdadera pregunta de la longevidad no es:

“¿Cómo consigo parecer más joven?”

Es más interesante:

“¿Cómo quiero sentirme y funcionar dentro de diez, veinte o treinta años, y qué puedo empezar a hacer hoy para conseguirlo?”


Preguntas frecuentes sobre longevidad y salud de la mujer

¿A qué edad tiene sentido empezar a preocuparse por la longevidad?
No existe una edad concreta ni es necesario esperar a la menopausia. La prevención tiene precisamente más sentido cuando todavía existe margen para actuar sobre factores modificables.

¿La medicina de longevidad consiste en tomar suplementos?
No. Los suplementos pueden tener indicaciones concretas, pero la medicina de longevidad parte de una valoración global de la persona y de sus factores de riesgo, hábitos, composición corporal y necesidades.

¿Todas las mujeres necesitan tratamiento hormonal durante la menopausia?
No. Cada intervención debe responder a una necesidad concreta y valorarse individualmente.

¿Por qué es importante la masa muscular a partir de los 40?
Porque el peso por sí solo no refleja la composición corporal. Preservar músculo, fuerza y capacidad funcional forma parte de un envejecimiento saludable.

¿Qué pruebas se realizan en una consulta de longevidad?
No existe un panel universal. Las pruebas y analíticas se seleccionan en función de los antecedentes, síntomas, factores de riesgo y objetivos de cada paciente.

Dra. Lisette Rondón Medrano
Medicina de Longevidad

La Dra. Lisette Rondón desarrolla el área de medicina de longevidad en Clínica DABOS. Su enfoque se centra en la prevención y en una valoración personalizada de los factores metabólicos, hormonales, nutricionales y de estilo de vida que influyen en la salud y el envejecimiento.

Conoce más acerca de ella y del equipo de Clínica Dabos